Punto de partida y posicionamiento.

No se me ha pasado por la cabeza en ningún momento negar que la brecha digital en salud es una realidad, no sólo en España, sino en todo el mundo.

Lo contrario podía ser interpretado como que no hago un planteamiento serio de este tema. Sin duda la existencia de la brecha digital en salud es un tema suficientemente importante y de gran trascendencia en la práctica y por ello digno de considerar y analizar con seriedad.

Pero no es menos cierto que no es lo mismo hablar de brecha digital en salud en España o en Europa, que en países como los conocidos del tercer mundo. Tampoco es lo mismo según las edades de las personas, su nivel cultural, económico o social, entre otras circunstancias.

Por eso es necesario señalar que nuestro análisis toma como escenario fundamental Europa y especialmente España, así como los países de otros continentes que puedan encontrase en un entorno socioeconómico y cultural, similar. También haremos referencia a aquellos países que se encuentran en situación más desfavorecida. Sobre esta situación incluyo al final un apartado con datos significativos.

Que es la brecha digital en salud

La brecha digital en salud se refiere a la desigualdad en el acceso, uso e impacto de las tecnologías digitales en la salud entre diferentes grupos sociales. Supone importantes diferencias entre quienes tienen acceso y habilidades para usar tecnologías digitales y quienes no. Esta brecha afecta tanto a pacientes como a profesionales sanitarios, aunque de formas distintas.

Dicho lo anterior, y como preámbulo del análisis que voy a llevar a cabo, es necesario discernir hasta donde llega el mito y hasta donde se extiende la realidad, como va evolucionando, y que cuestiones son las que influyen en cada caso para justificar o mantener la brecha digital y por el contrario cuando se puede salvar esa brecha y seguir adelante.

Anticipo que hay situaciones y casos insalvables de quienes sufren esa brecha digital, derivados de diversas circunstancias, pero cada vez son más las personas que no la han sufrido nunca y muchas también las que la han superado.

¿Qué implica la brecha digital?

Si nos fijamos en algunas de las características que con opinión más general se admite que caracterizan a la brecha digital en salud, podremos ir viendo hasta que punto cada una de ellas son susceptibles de ser salvadas o por el contrario son imposibles de superar y corregir y, al menos, donde y cuando sucede eso.

Una cuestión que no puede ser pasada por alto es la posición de partida y la voluntad de superación de cada una de las personas que se pueden ver afectadas por esto.

Lamentablemente nos vamos a encontrar con países y lugares que albergan una gran población marginada donde la digitalización no ha llegado, en muchos aspectos de la vida, pero seguro en lo que se refiere a la salud.

Todos nuestros análisis difícilmente van a servir para estos lugares, y peor aún, para todas esas personas marginadas, millones, que viven en ellos. La marginación puede ser social, cultural, económica, tecnológica, política, o de todas o varias de ellas juntas.

Lo que decimos, en esos lugares no se puede aplicar, pero también señalaremos algún camino por los que se puede transitar para llegar a su implantación, eso sí con grandes dificultades y desgraciadamente, bastante tiempo.

Vamos a detenernos en estas características, admitiendo que son definitorias de la brecha digital:

Falta de acceso a Internet y dispositivos adecuados

Muchas personas, especialmente en zonas rurales, comunidades vulnerables o países en desarrollo, no disponen de conexión a Internet estable ni de dispositivos (ordenadores, smartphones, tablets) necesarios para acceder a servicios digitales de salud.

Es salvable cuando existen políticas públicas de inversión en infraestructuras (fibra óptica, 5G, WiFi comunitario) y programas de acceso a dispositivos asequibles o gratuitos.

No es posible solucionarlo cuando hay falta de voluntad política, recursos económicos o zonas geográficas de difícil acceso (montaña, selva, islas), o cuando la pobreza extrema impide incluso el acceso a la electricidad.

Carencia de habilidades tecnológicas básicas

Muchas personas (mayores, personas con bajo nivel educativo, colectivos en exclusión) no saben usar ordenadores, apps, o navegar por Internet, lo que les impide beneficiarse de la salud digital.

Es salvable mediante programas de alfabetización digital, talleres prácticos, acompañamiento personalizado y formación continua. Formación adaptada, materiales sencillos, apoyo de familiares y cuidadores y la disponibilidad de interfaces simplificadas y asistentes de voz que reduzcan la necesidad de saber leer o escribir.

No es posible cuando existen barreras cognitivas severas (demencias, discapacidades intelectuales profundas) o rechazo cultural persistente y cuando no hay recursos para formación o acompañamiento.

Ausencia de contenidos relevantes cultural y lingüísticamente

Muchos servicios digitales de salud están solo en idiomas mayoritarios o no consideran las particularidades culturales, lo que excluye a minorías lingüísticas, migrantes o comunidades indígenas.

Es salvable si se desarrollan contenidos multilingües, adaptados a diferentes culturas, con la colaboración de las propias comunidades. Contribuye el uso de inteligencia artificial para traducción y adaptación cultural, y la disponibilidad de mediadores culturales y lingüísticos.

No es posible cuando no hay interés o recursos para adaptar los contenidos, o cuando la diversidad cultural es muy amplia y no se consulta a las comunidades afectadas.

Inaccesibilidad a servicios de telemedicina, diagnóstico remoto y plataformas educativas digitales

Aunque existan servicios digitales, pueden no estar disponibles para todos por barreras técnicas, económicas, legales o de usabilidad.

Es salvable si se diseñan plataformas accesibles (compatibles con lectores de pantalla, navegación por voz, etc.), se eliminan barreras económicas (servicios gratuitos o subvencionados) y se garantiza la interoperabilidad. Se consigue con una legislación que garantice la accesibilidad digital y la disponibilidad de modelos híbridos (presencial + digital) para no excluir a nadie, y el desarrollo de soluciones low-tech (llamadas telefónicas, SMS) para quienes no pueden acceder a apps avanzadas.

No es posible si los servicios requieren dispositivos caros, conexión de alta velocidad o conocimientos avanzados, o existen restricciones legales o falta de integración entre sistemas.

Riesgo de que los algoritmos de IA no estén diseñados para poblaciones marginadas

La inteligencia artificial puede reproducir sesgos si se entrena solo con datos de poblaciones mayoritarias, dejando fuera a minorías, personas mayores, mujeres, personas con enfermedades raras, etc.

Es salvable si se diseñan algoritmos inclusivos, se usan datos representativos y se validan los resultados en diferentes grupos. Es conveniente la participación de las comunidades marginales en el diseño y validación.

No es posible cuando no hay datos de calidad de poblaciones marginadas y cuando las empresas o instituciones no priorizan la equidad en el diseño de IA.

Otros aspectos de la brecha digital

Aumenta o disminuye la brecha digital con las nuevas tecnologías

Es un hecho cierto y que estamos viendo todos los días que la digitalización avanza y cada vez más personas acceden a servicios digitales de salud, especialmente tras la pandemia de COVID-19, que aceleró la adopción de telemedicina y automatización de procesos. A pesar de todo podemos decir que la salud digital va a ser la única fórmula utilizable en muy poco tiempo.  

La realidad es que la brecha persiste y puede aumentar si no se abordan los determinantes digitales de la salud: infraestructura, alfabetización digital y acceso equitativo. Estos son los hechos que nos llevan a mantener que pueda haber algunas excepciones tal y como se ha señalado.

A quién afecta más: a pacientes o a profesionales sanitarios

Los más afectados son los pacientes y entre ellos las personas mayores, comunidades rurales, poblaciones indígenas, mujeres en situación de pobreza y personas con bajo nivel educativo. La falta de acceso limita su capacidad para concertar citas, recibir atención remota o acceder a información médica. Recordemos que cada vez hay más herramientas muchas de ellas en base a la IA que hacen más fácil la comunicación entre el paciente y los sistemas sanitarios.

Los profesionales sanitarios enfrentan dificultades para acceder a información médica actualizada, especialmente en regiones con menos recursos. La sobrecarga de información y la falta de plataformas integradas también profundizan la brecha.

Teniendo en cuenta las herramientas existentes cada vez es más complicado para los profesionales mantener la existencia de esa brecha digital para la utilización en su trabajo diario de las herramientas de salud digital, salvo los casos que hemos ido señalando.

Cómo se puede evitar o solucionar la brecha digital

En todo lo que se ha dicho hasta ahora hay unas cuantas soluciones para ir superando la «brecha digital», no obstante este puede ser un buen momento para recopilar de forma resumida y concreta esas soluciones.

  • Invertir en infraestructura: Para mejorar la conectividad y el acceso a dispositivos en zonas rurales y comunidades vulnerables.
  • Formación y alfabetización digital: Que va a permitir capacitar tanto a pacientes como a profesionales en el uso de tecnologías digitales.
  • Diseño inclusivo: Que las plataformas que creamos dispongan de contenidos accesibles, adaptados a diferentes idiomas, culturas y capacidades diferentes.
  • Modelos híbridos: Debemos mantener la opción del acceso a servicios presenciales junto a los digitales, cuando sea necesario, para no excluir a quienes tienen dificultades tecnológicas.
  • Diplomacia digital y cooperación internacional: Promoviendo estrategias globales que hagan realidad los hechos de compartir datos, mejorar la interoperabilidad y garantizar la equidad en el acceso a la salud digital.
  • Innovación local: A través del apoyo de iniciativas comunitarias que fomenten la participación, la alfabetización digital y la inversión en infraestructuras emergentes.

Qué tendencias se observan

En los últimos tiempos ha habido un despertar en favor de la implantación y desarrollo de la salud digital lo que puede apreciarse a través de tendencias que se observan con carácter más o menos generalizado.

Estas tendencias que en todo caso deben ser ordenadas, para que realmente sean efectivas, suponen logros como son el Aumento de la digitalización que hace qur más pacientes acceden a historias clínicas electrónicas y servicios digitales, aunque la brecha persiste entre los grupos vulnerables.

Otra es que facilita el Empoderamiento del paciente, ya que la tecnología permite una relación más autónoma y personalizada, pero a cambio exige interoperabilidad y protección de datos, que deben estar garantizados.

Un logro muy importante es que favorece conseguir una Salud digital inclusiva. Esto supone que la inclusión debe ser el motor de la transformación digital, y se consigue con interfaces accesibles, que cada vez son más habituales, y manteniendo como una política de acción permanente la formación continua, por supuesto entre los profesionales, pero también entre los pacientes.

La brecha digital en salud existe y, aunque la tecnología puede ser una herramienta poderosa para reducir desigualdades, también puede profundizarlas si no se implementa de forma equitativa. La solución pasa por invertir en infraestructura, formación, diseño inclusivo y cooperación internacional. Solo así se garantizará que los beneficios de la salud digital lleguen a todos, sin dejar a nadie atrás.

Inteligencia Artificial y Brecha Digital en Salud

He hecho varias referencias a la importancia de la Inteligencia Artificial para resolver los problemas que se plantean con la brecha digital en salud, e incluso como provisora de herramientas que ayudan en muchos casos a superarla, siempre teniendo en el punto de mira tanto a los pacientes como a los profesionales.

Quiero abordar este aspecto que tiene una gran importancia, planteando y contestando tres preguntas.

1. ¿La IA reduce o amplía la brecha digital en salud?

Se reduce la brecha digital al facilitar el acceso a servicios sanitarios, incluso para personas con baja alfabetización digital, gracias a asistentes de voz, chatbots y sistemas que entienden el lenguaje natural. Hoy, pedir una cita médica, consultar síntomas o recibir recomendaciones es tan sencillo como hablarle al móvil o a un altavoz inteligente, sin necesidad de navegar por menús complejos ni rellenar formularios.

Algunos ejemplos de soluciones concretas que se están utilizando, cada vez con mayor implantación y mejores resultados que reducen esa brecha son:

  • Asistentes de voz y chatbots: Permiten pedir citas, consultar dudas médicas o recibir recordatorios de medicación simplemente hablando, sólo con nuestra voz, a través de un smartpfone u otro terminal inteligente, lo que elimina barreras para personas con dificultades de lectura, visión o movilidad.
  • Reconocimiento de voz: Un avance más lo proporciona el hecho de que profesionales y pacientes pueden dictar informes o mensajes, que la IA no sólo transcribe ya que también lo estructura automáticamente, ahorrando tiempo y evitando errores.
  • Traducción automática y accesibilidad: La IA traduce en tiempo real, adapta contenidos a diferentes idiomas y formatos (audio, texto grande, braille digital), facilitando la inclusión de personas con discapacidad o migrantes.
  • Monitorización remota: En tiempo real o almacenándolos, mediante los algoritmos adecuados que analizan los datos que se han tomado a través de wearables o sensores adaptados a algunas prendas o colocados a los pacientes, alertan a estos y sobre todo a los médicos, enfermeras y a en general a todos los profesionales sanitarios, ante cualquier alarma o anomalía, acercando inmediata y contínuamente la atención sanitaria a todos los lugares, como los domicilios, residencias y especialmente a zonas rurales o personas con movilidad reducida.

Pero hay situaciones en que también puede verse ampliada: si no se garantiza el acceso universal a dispositivos, conectividad y formación. Las personas sin smartphone, sin conexión estable o sin competencias digitales quedan excluidas de estos avances. Además, la IA suele estar entrenada en los idiomas y contextos más comunes, dejando fuera a minorías lingüísticas, personas mayores o comunidades rurales.

2. ¿Qué riesgos de exclusión plantea la IA?

Si bien es cierto que la IA fundamentalmente favorece la reducción y, en muchos casos, la desaparición de la brecha digital, en ocasiones es susceptible de producir riesgo de exclusión, si no se maneja con el cuidado y tacto que exige, una herramienta de la que podríamos decir que tiene potencia y capacidad sin límtes.

Algunos de estos riesgos de exclusión son:

Nueva brecha cognitiva: No basta con tener acceso a Internet; ahora es necesario saber interactuar con la IA, formular preguntas, interpretar respuestas y distinguir información fiable. Quienes no desarrollen estas competencias pueden quedar rezagados. Esto fundamentalmente puede afectar a los profesionales, pero para eso están los técnicos que trabajan mano a mano con los profesionales sanitarios.

Sesgos y falta de representatividad: Si los algoritmos no se entrenan con datos diversos, pueden ofrecer peores resultados a minorías, mujeres, personas mayores o con enfermedades poco frecuentes.

Dependencia tecnológica: Un exceso de confianza en la IA puede llevar a la pérdida de habilidades propias y a una mayor vulnerabilidad ante errores o ciberataques.

Privacidad y seguridad: El uso masivo de datos personales para entrenar IA aumenta el riesgo de filtraciones y ciberataques, lo que puede desalentar el uso de estas tecnologías por parte de los más vulnerables.

3. ¿Cómo garantizar que la IA cierre, y no amplíe, la brecha digital?

Básicamente contrarrestando o tratando de evitar, cuando no se pueden eliminar, los riesgos de exlusión. Por ello se debe hacer un especial hincapié en temas y aspectos como:

Diseño inclusivo: Desarrollar asistentes y plataformas que funcionen en varios idiomas, con interfaces sencillas y adaptadas a personas con discapacidad o baja alfabetización digital.

Acceso universal: Invertir en conectividad, dispositivos asequibles y formación digital, especialmente en zonas rurales y grupos vulnerables.

Ética y transparencia: Supervisar los algoritmos para evitar sesgos, garantizar la privacidad y explicar claramente cómo funcionan y qué datos utilizan.

Modelos híbridos: Mantener canales presenciales y telefónicos para quienes no pueden o no quieren usar la IA, evitando la exclusión total.

La inteligencia artificial puede ser la llave para una salud digital verdaderamente universal, pero solo si se implementa con criterios de equidad, accesibilidad y ética.

Hoy, pedir un servicio sanitario es tan fácil como hablarle a nuestro terminal, pero debemos asegurarnos de que nadie quede fuera de esta revolución, ni por falta de recursos, ni por desconocimiento, ni por sesgos en los algoritmos.

Esta revolución me parece tan importante y puede evitar que muchas personas puedan superar la brecha digital y por tanto tener más fácil el acceso a la salud digital y disponer de las ventajas que eso suponer, que un próximo artículo lo voy a dedicar a los asistentes de voz en salud.

La brecha digital en datos

Países con mayor brecha digital

  • África Subsahariana: Menos del 30% de la población usa Internet. Países como Nigeria, Camerún y Zimbabwe están entre los de menor digitalización global.
  • Asia Meridional: Aunque India ha avanzado, la penetración sigue baja en países como Afganistán y Pakistán.
  • América Latina: Venezuela, Nicaragua, Honduras y Perú presentan las mayores brechas digitales de la región.
  • Otros países destacados: Honduras, Camerún, Zimbabwe, Nigeria y Nicaragua están en los últimos lugares del índice global de digitalización (DiGiX 2024).

Países con menor brecha digital (más avanzados)

  • Singapur: Líder mundial en competitividad digital y acceso a salud digital.
  • Suiza: Segundo puesto global, con sistemas de salud digital muy avanzados.
  • Dinamarca: Tercer puesto, pionero en digitalización de servicios públicos y salud.
  • Hong Kong, Países Bajos, Noruega, Suecia, Finlandia, Reino Unido, Estados Unidos, Canadá, Alemania: Todos en el top 10 de digitalización y acceso equitativo a servicios digitales, incluida la salud.
  • En América Latina: Uruguay y Chile son los más avanzados en digitalización y menor brecha digital.

Actualización DiGiX 2024: Un índice multidimensional de digitalización | BBVA Research

Cuadro comparativo: Brecha digital por país/región

Región / País% Población con InternetRanking digital globalBrecha digital en saludNotas relevantes
Singapur>95%1Muy bajaLíder mundial en digitalización y salud digital
Suiza>95%2Muy bajaSalud digital avanzada, interoperabilidad
Dinamarca>95%3Muy bajaDigitalización total de servicios públicos
Hong Kong>95%4Muy bajaTop en DiGiX 2024
Países Bajos>95%5Muy bajaSalud digital universal
Uruguay>90%Top LATAMBajaMejor de América Latina
Chile>90%Top LATAMBajaAvances en telemedicina
Estados Unidos>90%Top 10BajaDesigualdades internas (rurales/urbanas)
España>90%Top 20BajaBuen acceso, retos en zonas rurales
Nigeria<30%ÚltimosMuy altaLimitaciones de infraestructura
Camerún<30%ÚltimosMuy alta
Zimbabwe<30%ÚltimosMuy alta
Nicaragua<40%Últimos LATAMMuy alta
Honduras<40%Últimos LATAMMuy alta
Venezuela<50%Últimos LATAMMuy alta
Perú<60%Bajos LATAMAltaBrecha rural-urbana marcada

Fuente: IMD World Digital Competitiveness Ranking 2024, DiGiX 2024, Banco Mundial, OMS. Ranking Mundial de Competitividad Digital 2025 – Escuela de negocios IMD para cursos de gestión y liderazgo

Notas clave

  • En los países de ingreso alto, más del 90% de la población está conectada; en los de ingreso bajo, solo el 26%. La digitalización mundial en 10 gráficos
  • En Europa y Asia Central, la penetración de Internet es del 84%, la más alta entre países de ingreso medio y bajo.
  • En América Latina, la brecha digital es especialmente alta en zonas rurales: la diferencia de acceso a Internet entre zonas urbanas y rurales puede ser de hasta el 44%. Latin-America-Regional-Brief-Spanish-v2.pdf

Los países más avanzados han invertido en infraestructura, alfabetización digital y políticas inclusivas de salud digital.

Un comentario en «La brecha digital en salud.»
  1. Análisis muy profundo de la situación actual sobre la brecha digital en la salud. A veces se nos olvida que a todos nos llega la vejez y intentar mitigar el acceso a la salud digital nos acaba beneficiando a todos. Gracias por el blog, José Ignacio.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *